El cuento de las promesas doradas y el humilde cable de red 🔌

Dicen que las historias se repiten, aunque cambien de vestuario. Dicen también que si no conocemos nuestra historia estamos condenados a repetirla. ¿Recuerdas, querido lector, aquel tiempo mágico de finales de los 90 y principios del 2000? Era la era de las PuntoCom. De pronto, cualquier idea que incluyera la palabra «internet» o «e-commerce» se convertía en oro molido en manos de inversores entusiastas. Había una promesa: el futuro sería digital y el que no estuviera, perdía. Si no te subías al vagón, el tren se iría y te quedarías en tierra.

Las valoraciones de las empresas subían más rápido que un cohete de Elon Musk, basándose no en beneficios reales, sino en el potencial (esa palabra tan peligrosa). Se compraban dominios a precio de mansión y se gastaban presupuestos de marketing de Hollywood en empresas que solo tenían un powerpoint elegante. Era una fiebre, y todos querían su pedazo de pastel virtual. Todos querían cabalgar el unicornio el primero de todos.

💥 El gran estruendo

Y entonces, sin previo aviso, llegó la cruda mañana de 2001. El castillo de naipes digital, construido sobre aire y expectativas desmedidas, se derrumbó (no todo, pero si toda la mampostería bonita del castillo). De la noche a la mañana, empresas que valían miles de millones se declararon en bancarrota. La burbuja de las PuntoCom estalló con un ruido sordo que hizo temblar Wall Street y dejó un rastro de cenizas digitales. El pánico fue general. Muchos creyeron que «la internet» era solo una moda pasajera.

Ahora, 20 años después, estamos en el pub, pero la música es otra. Se llama Inteligencia Artificial (IA). Tenemos a ChatGPT, Gemini, DeepSeek, a los generadores de imágenes, a los asistentes superinteligentes. La promesa es la misma: el futuro será IA (e incluso nos dominará) y el que no esté, perderá. Se están inyectando miles de millones en startups con resultados inciertos. Hay pánico de perder el tren, valoraciones estratosféricas y una sensación de que esto cambiará el mundo mañana. Y lo más interesante, las propias empresas IA invierten entre ellas sus beneficios para poder mantener la burbuja inflada.

🌱 La realidad del cable

¿Significa esto que la IA es una burbuja a punto de estallar, como las PuntoCom? Sí, y no.

La burbuja de 2001 no estalló porque internet fuera una tontería. Estalló porque las expectativas de crecimiento inmediato superaron brutalmente a la realidad de implementación y monetización. Tuvimos que esperar 5 a 10 años para que la infraestructura (el cable de red, el WiFi, la velocidad, la fibra, el ADSL) madurara, y para que aparecieran modelos de negocio sostenibles (Google, Amazon, etc.).

La IA es como el internet de 1998: un cambio tecnológico real e irreversible, pero que está rodeado de una ola de exceso de dinero y promesas a muy corto plazo. La burbuja reventará a nivel de valoraciones financieras, dejando un cementerio de proyectos inflados, pero el código (el núcleo de la IA) seguirá ahí. Morirán los proyectos que solo eran humo o ego inflado y seguirán los que están construyendo la base de este nuevo paradigma que estoy seguro que será parte de todo lo que hacemos hoy.

💡 Moraleja para la bandeja de entrada

Queridos marketeros y narradores, la lección es simple:

No inviertas tu tiempo y dinero en el hype de las promesas doradas, sino en la utilidad real que hay debajo de ese brillo dorado.

En lugar de obsesionarte con la IA que escribe poemas épicos, enfócate en la IA que automatiza tu segmentación o que te ayuda a redactar un asunto de email un 10% mejor. Las burbujas financieras siempre explotan, pero las herramientas fundamentales que mejoran tu trabajo, esas se quedan y te hacen ganar dinero a largo plazo.

Contenido del artículo
Imagen creada con Nano Banana

El futuro es digital, sí, pero no a la velocidad que prometen los folletos de inversión. Céntrate en lo que hoy puedes tocar, monetizar y que le dé valor a tu cliente.

Disclaimer: Recuerda que esto es solo mi opinión. Antes de invertir o dejar de invertir, infórmate y saca tus propias conclusiones.

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