El espejo encantado: El peligro de dejar de ser real 🪞

Había una vez un próspero reino creado en 1975 y llamado «El Cercano». Su prosperidad no se medía en oro, sino en la riqueza de sus lazos personales y humanos. Los habitantes dedicaban un glorioso 25% de su tiempo a la familia, compartiendo grandes festines y vivencias en el restaurante familiar. Otro 17-18% era el tiempo de los amigos, esos seres queridos que no son la familia, dedicado a la charla amena y el juego. Las algo tediosas tareas con compañeros de trabajo solo requerían un pequeño 3 o 4% del tiempo. En esencia, su círculo cercano era la joya de la corona.

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Pero a mediados del siglo pasado, algo comenzó a cambiar. Llegó un artefacto de brillo hipnótico: La Pantalla. Al principio, el tiempo dedicado a esta plataforma digital era insignificante, un 0.5%. Era una novedad fascinante, útil para comunicarnos y tener una relación diferente con la gente que no estaba tan cerca.

Sin embargo, el poder de La Pantalla era insidioso. No solo creció, sino que absorbió. Para el año 2022, el tiempo que cada habitante pasaba delante de La Pantalla, totalmente solo, escaló hasta un más que alarmante 55%. Fue la gran migración silenciosa: todos estaban en el mismo lugar, pero totalmente aislados.

El impacto de este fenómeno en el tejido social fue devastador:

  • El tiempo dedicado al calor de la familia se desplomó del 25% a un pálido 5%.
  • Las horas con los amigos y seres queridos se redujeron del 17-18% a un raquítico 3%.
  • Mientras el tiempo con el círculo cercano se hacía añicos, la dedicación a los compañeros de trabajo curiosamente creció del 3-4% al 9-10%.
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El Sabio del reino observó con pesar: la tecnología, creada para conectar, aprender y mejorar, estaba empujando a los Cercanos a la soledad, y su círculo cercano estaba, dicho de una forma más terrenal, «yéndose a la mierda».

El Sabio sabía que el problema no era la existencia de La Pantalla —pues él mismo estaba escribiendo esto delante de ella—, sino la falta de conciencia. La Pantalla era una herramienta, no un destino. La cantidad de tiempo que pasamos digitalmente merecía una reflexión.

Su gran lección fue simple. No se trataba de prohibir, sino de preguntarse: «¿Queremos, no queremos y cuánto tiempo queremos pasar solos delante de una pantalla?»

El reino de El Cercano aprendió la Regla de oro del límite: la intención debe gobernar el tiempo digital. Empezaron a apagar el brillo azul con un propósito, y así, el tiempo para el restaurante familiar y la petanca con los amigos comenzó a recuperarse, porque el valor de lo real merecía la limitación del tiempo digital.

💡 Moraleja

El verdadero tesoro no está en el 55% del tiempo que pasamos a solas ante La Pantalla. El tiempo es nuestro bien más preciado. Debemos intentar limitar el tiempo que pasamos en el mundo creado de lo digital para que el tiempo con la familia y los seres queridos no se reduzca a un triste 5% o 3%. La clave es la reflexión: usa La Pantalla para comunicarte, aprender, crecer, comunicar, para mejorar…pero nunca dejes que reemplace el valor de estar presente en tu círculo cercano, en lo que te hace estar vivo.


P.D. La próxima vez que uses tu plataforma digital (¡como para leer esta newsletter!), haz una pausa. Recuerda que la vida está diseñada para ser compartida, no consumida en soledad.

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